Las Escuelas de Mediación

Las escuelas de MEDIACION

Por: Revista de Mediación, ADR, Análisis y resolución de Conflictos

La mediación en conflictos es un proceso estructurado cuya evolución varía sustancialmente según la persona que conduzca el proceso, puesto que con cada intervención que realiza imprime su sello personal (De Diego y Guillén, 2010, p. 62). Este último matiz determina que cada caso sea único y que el mismo se vea condicionado por el devenir vital de sus participantes. Establecer una comparación entre las distintas formas que puede adoptar la intervención mediadora puede ser muy complicado, pero desde la aparición de las primeras propuestas de mediación estructurada por etapas (Coogler, 1978; Jackson, 1952), resulta habitual la presencia, en cualquier manual de mediación, de listados que sistematizan de manera exhaustiva los distintos modelos disponibles.

Actualmente, la práctica totalidad de la doctrina reproduce la clasificación canónica (García García, 2003, p. 61) que distingue entre tres grandes escuelas con influencia internacional: el modelo tradicional-lineal, popularmente conocido como Escuela de Harvard, el modelo de mediación transformativa desarrollado por Folger y Bush, y el modelo circular-narrativo de mediación propugnado en España por Sara Cobb. Estas tres escuelas, con visiones antagónicas sobre el conflicto, ajustan su trabajo a los respectivos entornos en los que se han conformado, sea jurídico-económico, psicológico o sociológico (Munné y McGragh, 2010, pp. 67-68). El tratamiento de cada una de ellas en los manuales teóricos y los cursos de formación es muy dispar, aunque lo habitual es realizar un repaso a sus características fundamentales y a resaltar los rasgos más sobresalientes de cada escuela (Corsón y Gutiérrez, 2014, pp. 38-45).

Además de las escuelas aludidas existen muchas otras posibilidades, que permiten configurar un auténtico mapa de modelos a disposición de cualquier profesional (Merino Ortiz, 2013, p. 89). Sin embargo, como bien ha señalado Soleto Muñoz, «insistir en la diferenciación entre escuelas puede resultar innecesario porque podrían ser innumerables» (2015, p. 249). A pesar de esta precaución, resulta indiscutible la presencia hegemónica de la Escuela de Harvard dentro de la formación teórico-práctica de la comunidad mediadora española.

Sostengo que este predominio nos limita a los profesionales que buscamos la utilización de cualquier técnica o escuela que aporte herramientas útiles al proceso de la mediación sin importarnos su procedencia o dogma. Espero que en poco tiempo se unifiquen todas estas escuelas y nos quedemos solo con lo más positivo de cada una de ellas, sin importar el nombre ni el origen. Hasta que esto llegue, algunos profesionales que tenemos que conocer todas las escuelas y las herramientas nuevas que van saliendo, por ser profesores de mediación, seguiremos utilizando lo más adecuado para nuestros clientes,  intentando crear  una verdadera cultura de mediación en nuestra sociedad.

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